Como se había mencionado en la entrega anterior, en función a la intención se pueden diferenciar dos tipos de coqueteo: los espontáneos y los premeditados.
A primera vista podría parecer que entre estos dos tipos de coqueteo no habría mayor diferencia, tranquilamente se podría preguntar ¿Qué más da si se pensaba coquetear con antelación o si el coqueteo nació en el momento?; y responder, de forma simplista: “no hay diferencia, la acción al final es la misma”. Pero, en realidad, sí existen diferencias importantes entre ambos tipos de coqueteo, que van desde la gestación en sí del acto hasta el resultado del mismo.
En el coqueteo espontáneo, la persona que se tiene al frente no es el objeto de un deseo previamente constituido y, en la mayoría de los casos, tampoco es el objeto del deseo presente. En algunos casos se trata de una arista de la personalidad extrovertida, la cual está constituida de plano sobre la base de la generación de atractividad exterior, la cual se manifiesta en muchos casos con una permanente sonrisa.
En la versión más simple de este tipo de coqueteo, la devolución de una sonrisa es una luz ámbar que podría desencadenar una sonrisa, más amplia, de vuelta; sumándole luego miradas provocadoras de una y otra parte, las cuales en minutos podrían producir un acercamiento.
En la otras versiones del coqueteo espontáneo, algo más complicada, un aroma particular o un tono de voz diferente pueden generar reacciones en las personas con quienes se interactúe; al hacerse uno consciente de estas reacciones se puede encender con facilidad, y de forma casi inercial, el proceso del coqueteo.
¿Alguna vez les ha sucedido una situación de coqueteo espontáneo?… digamos que en la cola de un supermercado miraba a todas partes con su sonrisa radiante y se dio cuenta que la persona que tenía delante le correspondió el gesto… ¿entabló conversación? ¿Fue a tomar un café inesperadamente acompañado? O inclusive, ¿encontró a la persona que estaba esperando toda su vida?
En el coqueteo premeditado, se busca a priori entablar contacto con la otra persona, teniéndola o no identificada de antemano. Según la teoría de los momentos, este tipo de coqueteo tiene menores probabilidades de éxito, pues depende mucho de la habilidad que se tenga para “crear” o reconocer el momento apropiado para empezar a girar la rueda; mientras que en el caso espontáneo el momento adecuado fácilmente se podría construir solo.
La escena más representativa de este tipo de coqueteo se da cuando se sabe hacia quien se dirigirá el intento probablemente se empiece con el juego de miradas, deliberadas en este caso, buscando una respuesta; después, o en paralelo, se intentará algún tipo de contacto verbal que lleve a dar pie a la interacción con el objeto del deseo.
El otro tipo clásico de coqueteo premeditado se enmarca situaciones en las cuales se busca deliberadamente coquetear con alguien, pero no se tiene en mente a una persona en concreto; se va a buscar un objeto del deseo y recién cuando se identifica a una potencial contraparte se inicia el proceso activo del coqueteo citado en el párrafo anterior.
¿Cuántas veces han estado inmersos en este tipo de coqueteo? ¿En qué circunstancias y con qué resultados?… ¿consiguieron despertar el interés en la “musa” de toda la vida?
Los dejo con el video de una canción de Joaquín Sabina, “Medias Negras”, en cuyo inicio se cuenta una situación de coqueteo premeditado. La chica de quien se habla estaba esperando en la estación a que algún tipo pasara cerca a ella para coquetearle e intentar dar pie a algo más… a que no se imaginan como termina la historia!!!!
