En el artículo anterior se mencionó al final a la ilusión. Como es comprensible, se trata de un amplio tema que puede ser abordado desde distintas perspectivas; es por ello que en esta oportunidad me enfocaré en la vertiente que tiene mayor relación con el cuento “Una noche de discoteca”.
La ilusión puede ser vista como una aparición espontánea que cautiva la mirada y nubla la razón, marcando un paso que no necesariamente tiene explicación. Se trataría, así, de un agente externo que toma por asalto a su huésped y lo hace capaz de acciones que antes no hubiera considerado, de situaciones que lo colocan en un estado descontrolado.
Su origen no suele ser planificado y su devenir no consigue ser fácilmente controlado. Se puede opinar en contra del destino que va labrando la ilusión, pero el control de la acción ya ha sido cedido; una vez que se cae en el espiral del ilusionado es muy complicado que se pueda estimar cómo todo ha de resultar.
Las causas pueden ser variadas: deseos, fobias, sueños y amenazas pueden gestarla; pero no está demás decir que una mujer está en plena capacidad de ocasionarla. Cuando esto sucede, y se abandona la mirada objetiva el final de la historia no se puede vislumbrar, pero es genuino imaginar que algo se ha de quebrar.
A continuación está un poema titulado “Febril mirada”, el cual expresa de forma contundente el espiral de “querer queriendo sin querer” y de “pasar viviendo sin saber” que caracteriza a un proceso puramente ilusorio despertado por una mujer:
Si se trata su aparición queriendo,
es una duda sustantiva;
si se trata su suceso a lo discreto,
es una duda cualitativa.
Llega la ilusión y llega el tormento;
llega la ilusión y toma el aliento;
febril mirada se encrespa;
sortilegio imprevisto se alimenta.
Llama a la puerta y no espera;
corteja con abuso a la ceguera;
entra a placer sin algún permiso,
aliena futuro e, inclusive, pasado.
Llega la ilusión y no hay palabras,
llega la ilusión y hay suspiros;
sonrisas que causan emoción,
corazones que viven desolación.
¿Cómo entienden ustedes a la ilusión? ¿Consideran que el proceso ilusorio se inicia sin previo aviso? ¿Puede una mujer generar una ilusión sin atisbo de razón?…
Ahora veamos el video de otra canción; siguiendo con Joaquín Sabina, en esta ocasión “Me plantó la princesita azul” es la elegida. Muestra la oposición entre el encanto y el desencanto que puede gestar una ilusión, cuando se sabe que no vale la pena seguirla, pero no hay elección propia que se imponga.
